-Pero, por favor, no me faltes nunca más.
-Ven. -me dice.
Y como una imbécil enamorada voy hacia él y me abraza fuerte. Un abrazo de esos que dicen "hola" después de un doloroso "adiós". Y es que, a lo largo de estos años nos hemos dicho tantas veces adiós..., que despedirse significaba reinventar un recuentro, pero este ha sido el mejor de todos. Esto es un precipicio con vistas al mar, sus ojos azules. Y dejadme deciros, que me tiraría una y otra vez si eso me condujera hacia él.

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